En ciertos momentos te planteas si eres infeliz o no. Probablemente no tienes motivo alguno, bueno, casi seguro que no lo tienes, pero te sientes mal y parece que es difícil cambiarlo. No tienes ganas de sonreír, por un momento crees que no volverás a hacerlo, pero de repente lo piensas bien y te das cuenta de que has hecho mal en no sonreír y te propones hacerlo. Empieza siendo una sonrisa falsa, que acaba haciéndote fuerte, hasta sonreír de verdad.
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