domingo, 24 de febrero de 2013

‘Mientras ellos resurgían de sus cenizas, yo me estaba quemando’.


‘Mientras ellos resurgían de sus cenizas, yo me estaba quemando’. Así era mi historia, y he dicho era.
Antes era yo la que siempre seguía con una sonrisa, la que creía en los milagros, en la buena suerte, en que todo lo que te propongas, lo vas a conseguir. En que no valía la pena pasarte un día y medio sufriendo sabiendo que la vida son dos días. Luego un día, de repente todo se volvió oscuro. Antes mi cabeza controlaba a mi corazón, y le hacía ser feliz, ahora mi corazón controlaba a mi cabeza y supongo que acabó haciéndome perder el control. No era yo, no era yo la chica que se miraba al espejo con lágrimas en los ojos cada noche, la que lloraba en la ducha porque le parecía un poco menos doloroso, y la que se encerraba en su puto caparazón y se ponía su máscara para aparentar que todo iba bien, no lo era y me daba asco. Me despertaba sin ganas de otro día, y así pasaba mi vida, con miedo, y el miedo a veces te hace perder la vida, porque no es malo tener miedo, lo malo es que controle tu vida, porque entonces ya no tienes vida, solo miedo. Y así pasaban los días para mí…
Hasta que un día, algo diferente se abrió en mí. En una de esas muchas noches que me miraba al espejo, me di cuenta de que no entendía cómo podía haber llegado hasta aquí, aunque en parte lo entendía perfectamente. Desde ese día aprendí que ser imperfecta era la mayor perfección, y que me tenía que dar igual lo que los demás pudieran pensar, porque la que importa soy yo, no ellos. Caí en que no les debía dar el gusto de verme caer mientras ellos se levantaban. Se acabó el estar al borde del precipicio, esta vez el precipicio está muy lejos, no tengo presión de dar un paso y poder caer, esta vez soy libre, esta vez me siento bien.

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